Trabajo con personas que atraviesan momentos difíciles, ya sea por primera vez o de manera recurrente.
Trabajo con adultos en distintos momentos vitales. Lo que importa no es el motivo, sino el deseo de entenderse mejor.

La crianza activa capas propias. A veces el trabajo más importante ocurre aquí.

La identidad se forma. El acompañamiento en esa etapa tiene un impacto que dura.

El estrés sostenido no es solo cansancio. Hay algo debajo que vale la pena mirar.

Entre los veinte y los treinta pasan cosas que merecen más que consejos.
La primera consulta es una conversación, no una evaluación. Me cuentas lo que te trae y yo escucho sin prisas. No hay un guion ni un formulario que rellenar. Al final, valoramos juntos si tiene sentido continuar y cómo hacerlo.
Depende de cada persona y de lo que trabaje. Hay procesos que duran meses y otros que se extienden años. Lo que no hago es fijar un número de sesiones de antemano, porque eso no respeta el ritmo real de cada caso.
Sí. Las sesiones online tienen el mismo formato y la misma profundidad que las presenciales. Solo necesitas un espacio donde puedas hablar con privacidad.
Sí, de forma absoluta. Lo que ocurre en consulta no sale de ella. La confidencialidad no es una formalidad: es la base sobre la que se construye cualquier proceso terapéutico serio.
Si algo no encaja y llevas un tiempo sintiéndolo, eso ya es motivo suficiente. No hace falta tener un diagnóstico ni haber tocado fondo. La primera consulta existe precisamente para resolver esa duda.